“Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”. Proverbio chino.

NO PODEMOS RESOLVER PROBLEMAS PENSANDO COMO CUANDO LOS CREAMOS. Albert Einstein

“Si a alguien le indigna más ver un contenedor ardiendo que una persona comiendo de él, tiene que revisar sus valores”

Sobre los poderes de siempre y los emergentes: "“No nos parece mal que nos muerda un lobo, pero a todo el mundo le saca de quicio que le muerda una oveja". Ulises de Joyce, Cap. 16




martes, 23 de octubre de 2012

No he visto apaches en París



Sí. He ido a París a visitar a un joven amigo que se estaba cabreando ya por mi tardanza. De no ser por eso, no habría tenido los descubrimientos y epifanías que han aumentado mi facilidad para resolver crucigramas.

Primero vamos al asunto del avión. El trayecto, una vez que el mencionado ha entrado en pista de despegue y hasta que aterriza, es realmente breve (hora y media). Pero como tienes que estar en el aeropuerto tres horas antes, y pensando en el tráfico pides el taxi 40 minutos antes de lo debido, a lo que hay que sumar que desde que aterrizas hasta que ves la maleta en la cinta y, además, por lo que se tarda en un taxi hasta el hotel temes que te hayan dejado en un aeropuerto suizo. te planteas la primera reflexión seria.

Primera reflexión seria del viaje:
Si en lugar de ir en avión, hubiera ido en un carro tirado por bueyes, ¿qué habría pasado?
Respuesta: desde luego, habría tardado más, pero habría llegado con un espíritu más jovial.

Después, ya que estás, además de saludar a tu amigo, tienes que ver cosas y, sobre todo, ir de un sitio a otro andando, porque se trata de “ver la ciudad", no de encerrarte en espacios culturales, uno tras otro, hasta que crees que tienes el dengue y la malaria.

¿Cuáles son las consecuencias? El centro de París, el París grande, hermoso y elegante es descomunal. No es como otras ciudades, que tienen un centro asumible y enseguida empiezan los barrios de trabajadores (tirando a feúchos, para qué nos vamos a engañar). No, en París te pones a andar y te tiemblan las piernas cuando todo sigue siendo hermoso.

Segunda reflexión seria del viaje:

(CASI) TODO PARÍS ES EL PUTO CENTRO

Así que alguna solución tiene que haber: por todas partes hay bares que están “petáos”. Ahora que la vida española es tan triste, con los bolsillos de la mayoría recortados, y casi todo está vacío, te das cuenta de lo que es una economía potente en la que no han agujereado los bolsillos de la gente común. Y tienes dos bebidas, el Ricard y el Pastis, que venden a un precio inferior al de la cerveza, el café con leche y las copas de vino de andar por casa (malooooo).

 Tercera reflexión seria del viaje:

UN PAÍS QUE HA INVENTADO EL RICARD Y EL PASTIS Y LO VENDE BARATO MERECE UN RESPETO INTERNACIONAL

Luego está el Asunto Cultureta. ¡La madre de dios hermoso! Al lado del alcalde de París, Anne la Botellique parece una vendedora de botijos.

Acciones que realizamos:

Visita de museo pequeño:
Museo Carnavalet: no tiene cuadros de grandes firmas (que han ido a otros museos), pero sí cuadros estupendos que son retratos de artistas, de la Belle Epoque, maquetas, espacios raptados (me pasé 10 minutos delante del dormitorio de Proust).
Revisitación de museo grande:
Colecciones del Pompi: no hace falta explicación.
Concierto de cámara, dedicado a Brahms, interpretado por grandes solistas de la Filarmónica de Berlín. Para morir a gusto.
Visitas a bares: que forman parte de una cultura exquisita (ver pinacotecas, para comprobarlo), exagerando un poco, el 65% de los bares de la ciudad.

*****

Y ahora el viaje íntimo acompañado de instantáneas.

Mi amigo vive en la pequeña Isla de Saint Louis, una de las zonas con un precio más alto por metro cuadrado. ¡¿Cómo es posible?! Porque vive en un sexto piso sin ascensor. Esta es la vista desde la ventana del baño.



Sale de su casa, cruza este puente y ocho minutos después está en su trabajo, en la Universidad Pierre et Marie Curie. Teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad, es como si yo cerrara la puerta de mi casa (cuarto piso) y tuviera el trabajo en el tercer piso.





Al regreso de ver su lugar de trabajo, así como los alrededores donde come, bebe, toma café, etc., nos paramos en el mismo puente, mirando hacia arriba, para hablar de las condiciones actuales de la educación y la ciencia en nuestro país. Fue un momento pro-suicidio. Daban ganas de tirarnos al río... pero la vencimos porque somos valientes. Y tuvimos la:

Cuarta reflexión seria del viaje:

¿TE MOLESTA WERTE? ¡HABER ELEGIDO SUSTO!





 Bueno, tampoco había ido hasta allí para amargarme la vida, así que no nos suicidamos. Además, mi compañera (y madre del joven amigo) estaba atenta a que no habláramos de temas económico sociales más de un minuto seguido, así que nos empujó fuera de la zona de peligro y nos mandó callar. Como hizo el Rey con Chaves, pero con mejores propuestas. Dedicamos el tiempo a los pequeños placeres de la vida personal. Entre ellos, el paseo por los Jardines de Luxemburgo y terminar comiendo en la Brasserie Lipp. Bendito y alabado sea ese Monsieur Lipp. No digo más que la noche en la que ganó sus primeras elecciones, Mitterrand, vecino de la zona, estaba cenando allí, solo y a gustito, y se enteró de la victoria porque los camareros empezaron a darle el tratamiento de Monsieur le President para preguntarle si tomaría café.

Quinta reflexión seria del viaje:

PARÍS ESTÁ REPLETA DE INDIVIDUOS RECALCITRANTES EN EL TRATO PERSONAL QUE CUANDO SE JUNTAN DEFIENDEN LO PÚBLICO Y LO COMÚN COMO NADIE LO HACE

Será quizá porque se pasa con frecuencia por las plazas en las que, no hace mucho, se levantaba la guillotina, lo que produce cierto miedo a los muy poderosos; o porque son así de fieros (orgullosos) con lo que es de todos..

Por eso fue y sigue siendo una ciudad maravillosa hecha a medida de los gigantes para que la disfruten, paso a paso, los hombres comunes.

Vide la Commune de Paris!


miércoles, 17 de octubre de 2012

Ejercicio taller L.M. del 16_10_12

[Este ejercicio ya lo presenté ayer y recibió tantas críticas, algunas de ellas incluso acertadas, que lo he corregido y de lo que tenga de bueno habría que conceder parte de la autoría a Lara y a mis compañeros. En una actitud inmoral, lo pongo como si fuera mío]



Objetivo: contar o relatar algo sin que sea un cuento o un relato

No te lo vas a creer, querido. Ayer me encontré con Asurancetúrix. Hasta se ha dejado bigote como el bardo. Estaba sentado en un banco y al pasar me pidió una moneda, sin reconocerme; pero yo lo reconocí enseguida, me levanté y le di un abrazo. No, no apestaba, aunque vaya mendigando y sea un homeless, iba limpio. Le invité a tomar algo en un bar y quise invitarle a cenar; me resultaba interesante su historia.
Estoy viendo cómo agitas tus brazos peludos y mueves las manos como diciendo “Venga, hombre, ve al grano”. Paciencia, como la tuve yo tirando de los hilos con recuerdos banales hasta que me contó cómo había llegado a esa situación. Entre las banalidades, que para él no lo fueron, repito lo de “no te lo vas a creer”: sigue pensando que fuiste tú el que interceptó el poema que quería hacer llegar a una compañera de clase, lo leíste en voz alta y le pusiste el mote por el que fue conocido desde entonces; el que destrozó su autoestima en el colegio. ¡Si estaba clarísimo que había sido yo! Este hombre ha vivido fuera de la realidad desde niño. Como puedes suponer, no le he quitado la idea de la cabeza: por lo que a él se refiere, tú fuiste el culpable (y no solo de eso, que recuerdo otra bromas que le gastamos... pero no tiremos de archivos ahora).
Me quedé en lo de la invitación a cenar. No pudo aceptar, aunque recalcó que estaba muy a gusto conmigo, porque le cerraban el albergue donde duerme. Una pena, porque el que se lo estaba pasando en grande era yo. Le hice una donación que le pareció generosa y se fue muy contento. El pobre Asuran, con qué poco se conforma.
Y ahora el meollo de la historia: ya sabes que se casó y se fue a trabajar a Valladolid, a una empresa de subcontratas de la red ferroviaria. No tuvo hijos, como tampoco ambiciones, por lo que la mujer se convirtió en una “pesadilla amenazante” (te lo pongo entre comillas por que esas fueron sus palabras). Así que cuando lo despidieron, hace siete años, ni se atrevió a decírselo. Una indemnización de toda la vida de trabajo y paro. Mucha pasta para lo habitual en esa libreta de ahorros, pero de lunes a viernes se iba de casa a la hora del trabajo y se pasaba el día en un barrio alejado (te estoy hablando de Valladolid, donde el clima pasa del frío helador al calor asfixiante). Llevaba así dos meses, sintiéndose cada vez peor, y una noche salió a comprar tabaco, dio un paseo, pasó por la estación y se vino a Madrid. Llegó a un acuerdo y a ella le dejó todo el dinero de la libreta y la casa, más todo lo que habían reunido en una vida de trabajo y aburrimiento. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria, así que no le costó abandonar el paro y hacer trabajo menores en la construcción, apañándoselas en pensiones baratas. Cuando la crisis de la constru, acabó en la calle y, finalmente, agotados sus recursos, en un albergue cristiano, donde está tan a gusto.
Te he contado ordenado y rápido lo que a mí me costó tres horas de cafés y coñás (de los baratos) para ir sacando piezas del puzzle que componen esa historia. ¿Quién iba a pensar que Asuran, tan buena persona (lee “capullo”), terminaría así?

Pues, ¿sabes lo que te digo? Y sé que no debería decírtelo por escrito, sino charlando y dispuesto a negar siempre haberlo dicho. Me quedé triste, pero no por él, que parece tomarse la vida con tranquilidad, sino por mí; y por ti; por los dos. Aquellos años, cuando nos descubrimos como dos hombrecitos deseantes y temblamos de amor el uno por el otro, tú y yo vivimos el mejor amor de nuestra vida (no lo niegues, cabezota). He vuelto a esa adolescencia  con nostalgia. Ya ves. Se puede ser maduro tirando a viejo y seguir guardando dentro una capa sentimental, enrollada sobre sí misma. Un trapo sí, pero con su luz. En cambio, fuera de ese núcleo que ocultamos, no somos más que un montoncito de lorzas oscuras.
Ya sé lo que me vas a proponer, que busquemos dos chicos más jóvenes y los invitemos a un viaje a New York, a Tokio, donde más les deslumbre y les ponga viciosillos. Que así se me pasarán estas chocheces de viejo sentimental. Y ya sabes mi respuesta: ¡Sí, por favor, organízalo pronto!

Besos donde tú sabes, zorra mía.

jueves, 11 de octubre de 2012

Ejercicio de taller. Tema: Estación


Monzón seco


Me quedé mirándola desde la puerta de la habitación. Tendida boca abajo en la cama, aferrada con los brazos extendidos a los barrotes, con el pelo cortado a lo chico que dejaba al descubierto la suavidad de la nuca, una camiseta vieja que, por los brazos estirados, desnudaba un trozo de espalda hasta los pantalones gastados de pana de raya fina, de un azul descolorido, que la cubrían hasta los pies descalzos que sobresalían por los barrotes de la parte inferior. Solo el culito, carnoso y en forma de manzana, distinguía sexualmente su cuerpo andrógino que tan deseable me resultaba. A ella, en esos períodos, no podía desearla ni quererla. No era ella ni para ella misma.
Cerré la puerta y salí al jardín, fumé un cigarrillo sentado en los escalones de piedra y entretuve después el pensamiento arrancando malas hierbas de la huerta. No era la primera vez que un viento interior, frío y seco, la derribaba e interrumpía nuestra vida. Tendría que llamar, una vez más, a su hermana. Entre dos es más fácil cuidar de las necesidades físicas de un bebé ensimismado de 54 kilos.

Los ojos de la locura absoluta, cuando todo contacto con la propia realidad y los recuerdos se ha borrado, son el peor abismo que se puede mirar. Los ojos, no la mirada; una loca así no la tiene. Hasta los muertos guardan la huella de su última mirada. Escrutarla da miedo y parece una acción vergonzosa: un intento de robarle la intimidad de lo último que vieron. Por eso la piedad, para con el muerto y con los vivos que lo rodean, exige cerrarles los ojos. Los ojos de una loca así son como un tejido celular corrosivo que vaya a comerse todo lo que hay dentro. O eso me parece a mí. No miran, porque todo les resulta extraño y bárbaro. Cuando los he mirado yo, he visto en ellos el terror ancestral de lo animal en un mundo que estaba todavía formándose.
Una vez fui testigo del retorno. Le estaba dando cucharadas de sopa, concentrado, cuando sus ojos se animaron en un instante, me miraron y se abalanzó sobre mí, abrazándome y derribando el bol de sopa. Qué distancia o tiempo habría cruzado en esa fracción de segundo, era imposible saberlo. Pero me amedrentó; la impresión me resultó tan potentemente emotiva que procuro no mirar sus ojos para no presenciarlo más.

Duermo en el sofá del estudio. Su hermana en el cuarto de invitados. Hacemos lo que tenemos que hacer, somos activos, pero no hablamos; nunca tuvimos nada que decirnos. Paseo por el jardín, miro las nubes, desatiendo todas mis actividades de la vida normal. Y espero. Volverá a ser ella misma cualquier día y todo este período no habrá existido. Yo tendré que combinar mi amor con el miedo a ese pasadizo que sé que seguirá abierto en algún lugar de su cerebro. Será siempre un amor con una base de desconfianza. No importa que sepa bien que ella es inocente. Desde que vi en qué instante mínimo daba el salto tengo miedo no a que se repita, sino a la seguridad de que ese mundo sigue en su interior. Agazapado.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El Gobierno redecora nuestra vida: quiere “modular” nuestros derechos ciudadanos


Tengo una amiga de blog que cada vez que hablo de “decoración” se sube a una silla de la cocina como si hubiera entrado una rata. Y no quiero molestarla, pero es que la Realidad me puede.
Como me puede el problema lingüístico que tengo con este Gobierno, que no me entero nunca de si dicen lo que creo que dicen, o si han cambiado la semántica del español (¡una lengua  tan bonita y ellos que dicen ser tan españoles!).

Después de varios meses, hemos conseguido que pronuncien la palabra “rescate”. Todos los periódicos principales del mundo hablando del Spanish bail, y ellos erre que erre con lo de “esto es un crédito en muy buenas condiciones de mercado”. ¡Qué guay, yo quiero otro! (No lo necesito, pero si las condiciones son tan buenas, podré jugar a comprar deuda soberana y forrarme).
Pero no lo usan para referirse a ese primer rescate (dicen que la distancia es el olvido, que cantaba no sé quién, y el “tiempo” es, en cierta manera, una distancia), sino al segundo. El problema es que solo hablan de ello para decir “De momento no vamos a pedir el (segundo) rescate” o “No vamos a pedir un (segundo) rescate”. La palabra entre paréntesis no la pronuncian, pero con todo la diferenciación entre “De momento no” y “No” resulta inquietante.
Si tuvimos que meterlos a todos en un hotel rural con encanto, con un foniatra y un catedrático de la Carlos III (que es más de confianza para ellos) para que supieran pronunciar “r” “e” “s” “c” “a” “t” “e”: res-ca-te, rescate, ¿a quién le quedan fuerzas para enseñarles que “no” es una partícula negativa, que no vale para denotar lo que SÍ van a hacer? Me doy por vencido.

Luego están minucias, como la de “esto no es un a amnistía fiscal” (traducción: “esto es un coladero para los delincuentes fiscales”). De verdad, me doy por vencido, que se encargue la RAE si le apetece.

Pero lo de ahora, me ha podido. Mi instinto me pierde. Quieren “modular” los derechos constitucionales de reunión y manifestación. ¡Tócate las narices! Con la cantidad de problemas que hay en el país y quieren cambiar una parte de la Consti que funcionaba de puta madre. Y no es solo que, como me los conozco, me temo que “modular”, para ellos, significa “cercenar, espachurrar, impedir, trabar, entorpecer, liar, etc.”.
Reconozco que en Madrid, tantas manifestaciones molestan. Pero ¿no se les ocurre pensar que los que nos manifestamos estaríamos mucho más a gusto en casa, leyendo un libro, tomando algo y escuchando a Camarón? ¿Se creen de verdad que nos gusta meternos entre miles de personas, últimamente con riesgo para nuestra integridad física, pasando calor o frío, o muriéndonos de ganas de buscar un bar para tomar una caña y hacer pis?
¿No sería más lógico que hablen entre ellos para que no tengamos razones para salir a la calle, con lo incómodo que es? ¡Ah, la lógica! Si lingüísticamente no tienen perdón de dios, en lógica es que ni se enteran.

Pero lo peor del asunto es que tengo rasgos de psicópata, y una de las palabras que más me hostilizan (gracias, Moli) son “modular” y “módulos”.

Es oír “modular” y acordarme de los gallos de adolescente, hasta que “modulé” la voz

Es oír “módulos” y pienso en una cárcel. Las cárceles están administradas por módulos. Si os meten en una, decid que sois buenos y que no os lleven al módulo de peligrosos. Ahí están los CIEs, orgullosos de serlo, que hasta se tatúan un punto entre el dedo índice y el pulgar. Si os meten ahí, tened en cuenta que no debéis mirar mal a nadie. Y si no os queda más remedio, hacedlo con un  solo ojo: os dejarán tuertos. Pero si lo hacéis con los dos, os ciegan. Total, ya saben que van a salir de ahí con los pies por delante. Tampoco los otros módulos son cosa de gusto, pero menos peligrosos sí son.

Otro significado de “módulo” que me da escalofríos. Es algo que ha pasado en el edificio donde vivo (en dos pisos, ya). Alguien tiene una casa grande donde puede vivir una familia hasta de dos hijos y mantener un cuartito para los suegros o un amigo ocasional. Empieza a modularla, echando tabiques, y la convierte en un piso patera con módulos ínfimos con taza de wáter y ducha en los que viven 5 o 6 familias (cada familia en su módulo, con pasillo de uso comunal).

También odio “módulo” por sus significados matemáticos, que soy incapaz de entender: Longitud del segmento que define un vector. Divisor común en una congruencia. Razón constante entre los logaritmos de un mismo número tomados en bases diferentes.
Ya sé que soy un zote, pero me molesta que me lo restrieguen por la cara.

Otro motivo personal, pero importante, es que de joven estaba en un grupo musical que actuábamos por las fiestas y discotecas de pueblo y un día fuimos teloneros de “Los módulos”, ese grupo infecto de repeinaos y trajeaos que cantaban eso de “Sabes, que ya llegó la hora, que dentro de un momento te alejarás de míiii”. Daba rabia que cobraran 10 veces más que nosotros. (y se ligaran a las más guapas).

Hay más cosas, pero os las ahorro. Pero creo que son suficientes para hacer esta petición al Gobierno:

Querido Gobierno, ya sé que van a hacer lo que les dé la gana, que para eso tienen la mayoría absolutista. Pero, ¿qué más les da, ya puestos, elegir otra palabra? Podrían hablar de “abrillantar”: “Vamos a abrillantar los derechos de reunión y manifestación”. A mí me parece más solemne; y pensaría en Don Limpio o en el pato ese que limpia las tazas del wáter. Con lo que me quedaría mucho más tranquilo, además de infinitamente agradecido.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Tema "El retorno" (ejercicio de Taller)



La segunda mejor mecedora



Coño Abelardo, qué susto, le dije a mi hermano cuando me encontré balanceándose sola la primera mejor mecedora al volver de la cocina con hielo en el vaso en el que me iba a servir el bourbon.

Le estuve esperando un año, por eso que dicen de que los suicidas pasan un tiempo confusos por ahí, pero tras ese tiempo pensé que le había pasado como a Papá y ocupé la mecedora buena. Claro que, como ya vivía solo en casa, era más una cuestión de comodidad que de prestigio. No hay ni que decir que, al percibir su retorno, respeté su primogenitura y me llevé el vaso con hielo a la mesita de la segunda mejor mecedora, trasladando después la botella, el cenicero, el tabaco y el mechero. En casa, los hombres, hemos sido de mucho beber, mucho fumar y mucho hablar entre nosotros
La elección y disposición del mobiliario no era fruto del azar, sino una muestra de respeto dentro de la familia; una familia con sus manías, como todas, pero con un respeto excesivo a la posición jerárquica. La segunda mejor no solo era un poco peor que la primera, sino que además la mesita de al lado estaba, a propósito por supuesto, a una altura inferior y resultaba menos cómoda. Cuando Papá envió al Abuelo a la residencia, pudo ocupar por fin la primera, mi hermano gemelo Abelardo, que había sido el primero en nacer, la segunda. Para mí había un sillocinto de esos que no tienen brazos, sino que por el lateral suben una especie de paredes con un borde que no te permite apoyar los brazos y quedas encajonado. Algo bastante conveniente al poco prestigio que tenía en la familia. Tienes una conversación bastante insulsa, me decían a veces Papá y Abelardo. Eso me cabreaba, porque allí remetido, sosteniendo sobre los muslos la copa, el tabaco, el mechero y el cenicero, bastante tenía con concentrarme en no echarme encima la bebida y las colillas. Confieso que no siempre lo conseguía.

 Hasta donde puedo recordar, en mi familia siempre había un padre que tenía un solo hijo varón, a los que les correspondían respectivamente la mejor y la segunda mejor mecedora. Muerto el padre, el hijo huérfano pasaba a ocupar la primera y el nieto la segunda. Era una disposición temporal, porque el fallecido reaparecía, la mecedora se ponía a balancearse sola y, durante un tiempo indeterminado (nunca se entendió muy bien por qué y cuándo retornaban; y menos todavía por qué un día desaparecían para siempre), el nieto retrocedía un puesto jerárquico y pasaba al silloncito incómodo que carecía de mesita auxiliar. Las mujeres tenían un sofá y unas sillas de enea. Nunca, ninguna de ellas, sintió el menor deseo de retornar (o dicho más científicamente, sin juicios de intenciones, ninguna lo hizo).

El regreso de mi abuelo fue inmediato. En sus últimos años de vida, a mi padre el abuelo le sacaba de quicio, porque la verdad es que tenía un carácter imposible; también porque, dada su longevidad, a mi padre le parecía injusto tener canas y seguir ocupando la segunda mejor mecedora, cuando ya tenía dos hijos varones crecidos (Abelardo, el primogénito, en el silloncito, mientras yo me las apañaba en una silla de enea). Así que, aunque el abuelo montó un lío de mil demonios, lo metió en una residencia de las baratas. Regresó tan rápido que nos enteramos de su muerte antes de que nos avisaran de la Residencia. Mamá, que tenía un problema de azúcar en sangre, se levantó para hacer pis, vio que la mejor mecedora se balanceaba y nos despertó a todos para anunciarnos que Abuelito se había muerto. Cuando nos llamaron de la Residencia, ya estábamos todos duchados, bien peinados y vestidos de luto.

Papá llevó tan mal tener que retroceder a la segunda mecedora, que cogió la costumbre de salir a por tabaco y no volver en varios días, para cenar algo en la cocina y acostarse. En cuanto se levantaba, se iba a por tabaco y otra vez lo mismo. Así que nos acostumbramos a que el abuelo ocupara la mejor, en plan muy tranquilo, Abelardo la segunda y yo el silloncito. Cuando murió Papá, el Abuelo desapareció. Ya digo que no sabemos cómo funcionan esos primeros años de la muerte en los que el espíritu no se decide a despegarse del mundo, pero parece evidente que su presencia sutil en casa tenía como único objetivo joder a su único hijo; por lo de la Residencia, supongo.

A Papá, en cuanto murió en la calle como un borracho, ni estaba en casa ni se le esperaba: la vida familiar había sido un infierno para él. Supongo que en algunas tabernillas que me sé de vez en cuando se caerá un taburete.

Ya he dicho que mi padre, en contra de la tradición, tuvo dos hijos varones: mi hermano Abelardo y yo, Benito. Gemelos, pero Abelardo fue el primero en nacer y fue bendecido con la primogenitura. De haber sido trillizos, el tercero se habría llamado Ceferino, por mantener el abecedario y honrar a un tío materno; pero fuimos dos (yo quedé marcado para siempre por mi posición servil).  Jodido. Y de nuevo estábamos los dos, solos y juntos hasta que yo muriera o él terminara la preinscripción a donde quiera que acabara yéndose.

Mira, Abelardito, dejemos las cosas claras, le dije. Siempre le había jodido el diminutivo y ahora podía saber que se lo decía para fastidiar. Los muertos lo saben todo, así que podríamos haber conversado con el pensamiento, pero a mí me apetecía hablar, ya que tenía a alguien con quien hacerlo. Y muchas cosas que decirle con mi propia voz. Los dos sabemos que me jodiste la vida desde antes de nacer, que ya tenía la cabeza dispuesta para salir y de un empujón colocaste las nalgas, provocando una salida tuya poco airosa que me retuvo, casi asfixiado, en una esquina. Nací el segundo y fui más enclenque, menos listo, menos guapo que tú. Me obligaste a llevar una vida de segundón. Ahora mismo, con tu retorno, me devuelves a ella, pero... esta vez llevo yo la voz cantante y soy el que te puede animar un poco la vida, o lo que sea que tienes.

Había notado que se acercaba a mí y aspiraba el humo de mi cigarrillo, que tomaba una trayectoria recta y luego se esponjaba. Así que le puse un cenicero en su mesita con un cigarrillo encendido. También añadí una copa de brandy, que era lo que le gustaba a él, por si tenía capacidad de absorber los alcoholes. Y vaya si la tenía: llegamos a tener conversaciones en las que le tenía que rellenar la copa hasta tres y cuatro veces. Cierto que luego todo acababa en la rejilla de la mecedora y en el suelo, pero vivíamos solos y la limpieza no nos preocupaba demasiado.

Fuiste el primero en todo, lo sabes, menos en una ocasión. Fui yo el que conoció a Marta, me gustó y creo que le gusté. Pero apareciste tú y te la llevaste. Soy químico y no me costó mucho envenenarla poco a poco y sin dejar rastro. No pensaba que te fueras a suicidar por amor a ella; era lo que menos podía pensar de ti. Pero así fueron las cosas. Ahora ya lo sabes; en realidad no sé desde hace cuanto tiempo lo sabes. Lo hice para joderte la felicidad, creyendo que acabaríamos envejeciendo juntos como buenos hermanos; hechos unos cascarrabias. Hasta fantaseaba que encontrarías en mí, en realidad el asesino de tu novia, un consuelo en la vida.

Y ahora, ¿qué?, Abelardito. Espera que te dejo encendido otro cigarro. ¿Has venido a joderme o a portarte bien, pagando tus culpas por todo el daño que me hiciste? 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Antes fuera y ahora dentro, pero sirviendo siempre a mi Señor


La práctica de las “puertas giratorias”, en las que los hombres de la gran empresa se infiltran en los partidos más amigos de la gran empresa, actúan como cargos públicos y luego regresan a su empresa, se aceleró con Bush (los abogados de Monsanto ocuparon importantes puestos en la judicatura y en los ministerios desde los que podían favorecer a su empresa). Todo el mundo viene de un sitio, pero hay veces en los que se ve copn claridad meridiana que han llegado a lo público para trabajar por su sector privado.

(Recibí este mensaje:)

Érase una vez un comerciante de armas cuya empresa fabricaba bombas de racimo que vendía, entre otros, al gobierno de su país. Y resultó que su país firmó un convenio internacional contra esas bombas, que dejó de comprar. Entonces el comerciante denunció al gobierno por dejar de comprar esas armas (supongo que habría un contrato con la empresa fabricante que le comprometía a unas compras con sus correspondientes pagos).

 Y resultó que hubo un cambio de gobierno, y el nuevo presidente tuvo la ocurrencia de nombrar como ministro de Defensa a dicho comerciante de armas: ¿alguien lo puede mejorar? 

Ahora el comerciante, transmutado en ministro, pagará a su antigua empresa la indemnización correspondiente, un pellizquito de 40 millones de euros.

 PREGUNTA: ¿de qué país y de qué época son estos hechos? ¿del quinto
 mundo? ¿de un pasado oscuro? La respuesta a continuación.

 El Ministro de Defensa de España pagará 40 millones a su antigua empresa por prohibir las bombas de racimo.  Pedro Morenés, Ministro de Defensa, fue consejero de la empresa de fabricación de armamento Instalaza entre 2005 y 2007. Después ocupó el puesto de representante hasta el 4 de octubre de 2011, según recoge el Boletín Oficial del Registro Mercantil. Instalaza fabricaba bombas de racimo.

El 31 de octubre de 2011, el diario Cinco Días reveló que Instalaza había decidido recurrir a los tribunales para pedir que el Gobierno le indemnizara con 40 millones de euros en concepto de desagravio por la prohibición del uso, almacenamiento y fabricación de las bombas de racimo en España como consecuencia de la firma del Tratado de Dublín. Sin embargo, esta empresa ya había anunciado en mayo de 2011, cuando Morenés era su representante, que pediría una compensación económica al Ejecutivo en concepto de "daño emergente y lucro cesante".

Hoy sabemos que Instalaza venderá la deuda a una tercera empresa que a su vez la revenderá y finalmente el ministro pagará diciendo que no es su empresa la que cobra. El dinero saldrá de los impuestos de todos, naturalmente. Nuestro dinero pagando bombas que mutilan a niños. Porque las submuniciones esparcidas por las bombas fabricadas por Morenés tienen un rango de fallo de entre el 5% y  30%, por lo que pueden quedar bombas enterradas sin explotar siendo peligrosas tiempo después de terminada la guerra. Especialmente para los niños por sus formas llamativas, como pelotitas de tenis o latas de refrescos. Porque es así como las camufla la empresa del Ministro.

¿De verdad no había en todo el país otra persona que pudiera ser Ministro de Defensa?

POR FAVOR, MOVEDLO A TOPE PORQUE ES DE LOS MAYORES ESCÁNDALOS QUE ESTÁN PASANDO ... que ya es decir mucho



(Este mensaje tuvo esta réplica)


Hola, por si hay algún despistado que no ha leído este mensaje sobre Morenés solo quiero insistir en que se lea y se difunda. Es algo demasiado inmoral e indigno como para que quede en el tintero.

Con 40 millones de euros podríamos volver a España muchos científicos a través de, por ejemplo, mayor cantidad becas del programa Ramón y Cajal. Científicos que estudiamos cómo mejorar la vida de la gente y para ello cobramos muy poco. Pero no, no volveremos porque ese dinero de todos se va a emplear en pagar a un ***** porque está agraviado por no poder vender bombas de racimo. Y encima ese enorme ****** que hacía negocio con ese generador de muerte aleatoria sobre la población civil a largo plazo (bombas de racimo) es ahora ministro de defensa.

Vamos bien


sábado, 22 de septiembre de 2012

Dime si no te ha pasado alguna vez



Dime si no te ha pasado alguna vez que, en mitad del día, la luz se pone de un violeta violento y el día, indeciso, no sabe si virar bruscamente a lo oscuro o regresar al celeste blanco del principio.
Es solo un segundo de desconcierto del cosmos, que se reajusta sobre la marcha.
Pero un segundo puede ser mucho más que lo que transcurre entre un tic del reloj y el tic siguiente. Da tiempo para todo.
Tú solo dime si te ha pasado alguna vez, si me comprendes; o si también esto son solo cosas mías.