“Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”. Proverbio chino.

NO PODEMOS RESOLVER PROBLEMAS PENSANDO COMO CUANDO LOS CREAMOS. Albert Einstein

“Si a alguien le indigna más ver un contenedor ardiendo que una persona comiendo de él, tiene que revisar sus valores”

Sobre los poderes de siempre y los emergentes: "“No nos parece mal que nos muerda un lobo, pero a todo el mundo le saca de quicio que le muerda una oveja". Ulises de Joyce, Cap. 16




viernes, 28 de diciembre de 2012

Para mear y no echar gota: el copago en Madrid desde el 1 de enero


Vamos a ver un caso práctico.

Si queremos un ibuprofeno de los que se anuncian en TV, lo podemos comprar sin receta, pero son más caros.

Si lo queremos genérico, cuesta 1,87 y solo se puede dispensar con receta. Así que en mi caso, que me subieron el porcentaje de medicinas del 40 al 50%, como no quiero de los anunciados, me voy al ambulatorio y me extienden la receta.

Me cobran el 50%, 0,935 €, y como cuesta más de 1,74 €, le añaden el euro por receta, con lo cuál:

¡Pago 1,93 euros por un medicamento que tiene un precio de 1,87!

¿Cómo os quedáis? La dispensación por la sanidad “gratuita” me sale más cara que su precio de mercado.

El farmacéutico me ha asegurado que hay muchos medicamentos comunes en esa franja que te salen más caros, y que hasta un cierto precio vas a ahorrarte unos centimillos.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Si no os dormís pronto, vendrá Lasquetty y os privatizará


Si alguna vez tengo nietos, me los endosan una noche y, atiborrados de lacasitos, napolitanas de cremas y bebidas de cola estrictamente prohibidas por sus padres, tardan en dormirse, esa será mi amenaza: “Si no os dormís pronto, vendrá Lasquetty, se os llevará y os privatizará”. Seguro que habrán oído hablar de él y será una figura más temible que El Hombre del Saco. Al menos, más creíble; por no hablar de que enseñándoles una foto del monstruo, quedarán espeluznados.

El Sr. Lasquetty les dijo a los sindicatos y representantes médicos que, para evitar la gestión privada (es decir, que la Sanidad Pública dé beneficios que vayan a los bolsillos de los gestores, algunos de los cuáles son familiares y amigos peligrosamente cercanos a los compañeros de Partido del Señor Lasquetty), debían entregar un plan que ahorrara 533 millones de euros al año. ¡Qué concreción, cuánta exactitud, con cuánto detalle ha contabilizado euro a euro!

Pero cuando los periodistas le preguntan por las cuentas detalladas, no las tiene “Todo depende de variables que desconocemos, como la cápita y otras”, responde más o menos. Sin responder. Entonces, si él que tiene las cifras no lo sabe, ¿por qué pide 533 millones a los que desconocen las cifras?

Tan indeterminada es la cosa que un jerifalte de la CAM dice que el ahorro será de unos 200 millones. ¡Me cachis, todavía no se ha puesto en marcha el Plan Atilano y ya hemos desahorrado 333 millones.

Más todavía, en los Presupuestos de la Comunidad, donde se habla del dinero real, se plantea una disminución del gasto de 60 millones de euros. Total, nos venden por 60 millones, no por 533.

Además, un solo hospital “privatizado” de Valencia ha pedido un rescate de 72 millones, equivalente a las pérdidas que había tenido. La Generalidad Valenciana tendrá que dárselos. ¿A que así es chulo tener una empresa privada bien sea de confianza para el PP?

El Sr. Lasquetty no es un mentiroso, que de esos hay muchos. Es un mal mentiroso, que para eso hay ya que estudiar. Vamos a ahorrar 60 millones, vendiendo nuestros derechos y, como un hospital gestionado privadamente tenga pérdidas...

Para no tener que decir a los niños lo de “Como nos os durmáis pronto vendrá Lasquetty y os privatizará”, será mejor que nosotros no nos durmamos... aunque de momento nos ganen por goleada con sus mayorías absolutistas... perdón, quise escribir absolutas.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

T.L.M, Ya va siendo hora de ahogar a Aristóteles en el río de Heráclito

[Objetivo: planteamiento, nudo y desenlace]



Ya va siendo hora de ahogar a Aristóteles en el río de Heráclito

El pequeño de los Castaignon nació demasiado tarde. Inesperado, indeseado, intrascendente, pero con ganas de quedarse: nueve meses de aburrimiento y soledad en el líquido amniótico desarrollan recursos. Aprendió a patinar con las manos cruzadas a la espalda, inclinado elegantemente hacia el frente, por el lago helado de la cosa de la familia; se quebró la crisma emocional y física varias veces en el reducido entorno social, a ratos opresivo y a ratos expansivo, que se le abre a un niño de provincias; reconoció las ventajas de rehacerse como un niño modélico, atento, de sonrisa tímida ante todo poder adulto. Y comenzó a vivir con el mundo exterior una paz tan duradera, al menos, como la romana. A la espera de tiempos mejores.
—Este niño es tonto de capirote —comentó la abuela paterna, de extracción popular, desde su tumba.
—Pues a mí me parece un encanto —le contestó la abuela materna, de buena familia y, por tanto, más dada a mirar la vida con una perspectiva sacada de la lírica romántica. La diferente visibilidad vital que da el cocinar o tener cocinera.
Aunque en un nivel subfibroso el pequeño de los Castaignon captó esas conversaciones desde muy pronto, nunca se preguntó  cómo ni por qué se producía esa charla frecuente, esa radio Inter Cementerios; se acostumbró, con los años, a soportarla sin que le ensordeciera. Desde los más de 400 kilómetros físicos que las separaban, las consuegras charlaban. Cosas de mujeres, pensó el pequeño, echando como de costumbre balones fuera.
Tuvo libros a su alcance, así como muchos tebeos gracias al intercambio en el patio del colegio. Leía, callaba y esperaba.

Cuando se fue a estudiar a una ciudad grande, abrió los ojos, se desperezó y el mundo le pareció un parque de atracciones enorme que no te pedía ticket para participar en la diversión. La moneda de uso eran los deseos. Hurgó en los bolsillos y vio que tenía algunos; se dio cuenta de que cuantos más gastaba, más y mejor se reproducían. Rebosaba de deseos y se subía a todas las montañas rusas, trenes de la escoba, casas de los espejos. Compartió su mundo con ejércitos de deseantes, bebió mucho, comió mal, y eyaculó, eyaculó y eyaculó, ante, cabe, bajo, dentro, sobre, de propia mano, de mano ajena, de frente y de perfil. Tenía sorbido el sexo.
—Demonio de muchacho —comentó la abuela paterna.
Yes, indeed —contestó su comadre, a quien le gustaba recordar que había tomado el té de las cinco.
Para pertenecer al grupo de Los Deseantes las normas eran pocas: grita No a todo lo que te habían explicado que dijeras Sí; susurra sí a todo lo que te habían rogado que dijeras no; mantén un cuerpo joven razonablemente limpio. A una velocidad que casi nunca podían captar los ojos de párpados pesados de las viejas fuerzas del orden intemporal, intercambiaban piedras de cantos afilados, navajas, besos y libros.
Fue entonces cuando el pequeño Castaignon leyó muchos libros y como era de esperar escribió los suyos, con un efecto sorprendente: todo lo que escribía era hiriente para sus familiares y amigos. Aunque, dejada atrás la ira santa de la infancia y pudiendo comparar con otras familias, le pareció que la suya no había sido tan mala como creyó, sino más bien al contrario. O bien no se lo merecían, o bien carecía del imprescindible instinto asesino, por lo que dejó de escribir y se centró en los peligros de la vida. Una noche, por medio segundo consiguió apartar la cabeza del espacio que cruzaron dos balas.
—Casi nos lo matan, al pobre —comentó una de las abuelas, pero por el viento fuerte Castaignon no supo adivinar cuál de ellas.
—Pues con lo que le espera a partir de ahora, casi habría sido mejor —contestó la otra con ese tono de distanciamiento del asunto con el que hablan las mujeres cuando se están limando las uñas; acción que, dadas las circunstancias, era imposible.

La naturaleza sigue al arte y convierte la vida en un nudo errático. A pesar de las violencias exógenas y endógenas, los deseantes echaron las cuentas y la sensatez de los porcentajes les reveló una verdad: “Muchos son los llamados y pocos los muertos”. Contemplaron en la mengua de sus fuerzas vitales el anuncio claro de “Ya no sois jóvenes”. Se negaron a ser mordidos por el cocodrilo de Lacoste, pero no pudieron evitar ser ensartados por el gancho del Capital Garfio: Peter Punk había muerto. Les llovieron torrencialmente las dos máximas de la vida adulta: “Aburríos los unos a los otros”, “Engordad y multiplicaos”. Era ya demasiado tarde para ser joven.
El pequeño Castaignon se dispuso a cumplir y con su compañera se fue a uno de esos barrios-velatorio que hay en la periferia, para reproducirse. El tiempo, que allí era un chicle estirado y poco sabroso, daba de sí para mucha lectura tranquila. Solo le faltó fumar en pipa como un intelectual de la cómoda e inane retaguardia, aunque lo intentó y se miró al espejo usándola; pero no tiraba bien.
—Te doy en la razón en lo que dijiste el otro día, este niño es tonto —dijo la abuela materna refiriéndose a lo que veinte años antes había dicho su consuegra.
El pequeño de los Castaignon empezó a escribir mucho, metódicamente, pero desorganizado en sus objetivos. Es decir, sentía horror por la prescripción aristotélica y los que la siguieron tras la aparición de las vanguardias: «... dirigiéndose a una acción total y perfecta que tenga principio, medio y fin, para que, al modo de un viviente sin mengua ni sobra, deleite con su natural belleza, y no sea semejante a las historias ordinarias, donde necesariamente se da cuenta, no de un hecho, sino de un tiempo determinado, refiriéndose a él cuantas cosas entonces sucedieron a uno, o a muchos, sin otra conexión entre sí más de la que les deparó la fortuna». Lo que a él le gustaba eran las “obras ordinarias”, enloquecidas, llenas de puntos de intensidad; además, lo de Aristóteles le resultaba muy empalabrajado. Kandinski lo explicaba mucho mejor al hablar del punto y la línea. El pequeño de los Castaignon no había leído el libro, pero había meditado mucho sobre el título. La “línea” tiene un principio, un desarrollo y un final; es una ordenación humana del caos, que precisa de inteligencia en el autor, de un orden mental que le permita la previsión en lo que crea. El “punto”, en cambio, es un estallido, un desorden, una epifanía, una fulguración. La “línea” es de inteligentes; el “punto” es de colgados que no pueden contar una película porque en una escena que les gusta se quedan y la sueñan a su manera, por lo que cuando vuelven a la película han pasado varios minutos y ya no pueden saber lo que pasa.
Partidario de las fulguraciones, se dedicó en su periferia urbana a escribir textos ilegibles que le apasionaban recién terminados, pero de los que abominaba, y por ello rompía, al cabo de dos semanas. Aburrido, cuando ya apuntaba canas, dejó de escribir, entregándose con pasión a la lectura y la vida corriente.
—¿Cómo le va al niño? —preguntó el abuelo paterno.
—¡Vaya, José! ¿Y a ti, que llevas 40 años sin decir nada?
—Bueno, es que estoy muy entretenido, mirando el mar aquí en Mallorca.
Fue oír eso y el pequeño de los Castaignon supo, como un fulgor que irradiaba verdad, de quién procedía espiritualmente.

El pequeño de los Castaignon ha vuelto a vivir en el centro, con su familia, después de quince años en la periferia. Ahí la vida bulle. Los bares son hermosos y cálidos; y cierran a las tantas. Las personas son hermosas, hasta la vieja más decrépita. Ya no escucha las conversaciones de sus muertos. Quizá estos tienen una segunda vida y, por fin, se han muerto de verdad. Al caminar, nota que cada vez que pone un pie en el suelo le sube por él una corriente de energía. Que la vida podía volver a ser esto no había sido capaz de imaginarlo. Encuentra gente con la que escribir y compartir lo escrito. Finalmente, va a un curso en el que una maestra le enseña todos los trucos y modos de la escritura: las filfas en las que no se había querido fijar hasta el momento. Es divertido aprender a reflexionar sobre la escritura. Si se esforzara, hasta podría encontrar el modo de hacerlo para ahogar a Aristóteles y sus teorías para siempre. Hay autores que lo están consiguiendo y querría aprender de ellos: conocer todas las normas y practicar todos los modos de negarlas. Pero, como de costumbre, quizá sea ya demasiado tarde.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Balcones blancos en Madrid


SI QUIERES AYUDAR A DEFENDER TU SANIDAD PUBLICA, CUELGASABANAS BLANCAS CON O SIN MENSAJE DE LAS VENTANAS DE TU CASA (SANIDAD PUBLICA, NO SE VENDE SE DEFIENDE... VECINO, SAL, SE VENDE TU HOSPITAL... ETC). NO CUESTA NADA, Y ES UNA FORMA DE AYUDAR.
 
¿NO VAMOS A PERMITIR QUE AL GANAR EL MUNDIAL SE EMPAPELARA ESPAÑA CON BANDERAS, Y AHORA QUE ESTÁ EN JUEGO ALGO MUCHO MÁS IMPORTANTE PARA TODOS, NUESTRO DERECHO A LA SALUD, NO VAYAMOS A HACER NADA?
 
SI ESTÁS DE ACUERDO CON ESTO, CUELGA ALGO BLANCO DE TU VENTANA Y PÁSALO. TODA AYUDA ES POCA. TENEMOS HASTA EL 21 DE DICIEMBRE PARA FRENAR ESTE DESASTRE...
 
 
¡¡LA SANIDAD NO SE VENDE, SE DEFIENDE!!
 
 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Una buena pregunta del PP al PSOE y otras dos, mejores, que le hago al PP


Ante la petición del PSOE de crear una subcomisión que analice el problema de las fugas de capital a paraísos fiscales, propuesta a la que se han adherido prácticamente todos los grupos de la oposición, pues el tema es tan grave que hasta UPyD, siempre tan conservador, estima que nos roban hasta un 8% del PIB (la crisis de la deuda no existiría), la señora Ana Madrazo, del PP, le contesta al PSOE con una pregunta excelente: por qué durante los ocho años que gobernaron no hicieron nada.

Quero ser breve y saltarme las consideraciones que podría decir sobre la gravedad suprema del asunto. Así que respondo a la respuesta de la señora Ana Madrazo con dos preguntas mejores que la suya. Después de aplaudirle su pregunta

¿Por qué, en los ocho años de oposición, no plantearon nada al respecto, poniendo en aprietos, esta vez sí realmente, al partido gobernante?

Pero sobre todo:

¿Por qué, desde el Gobierno, no solo no hacen nada, sino que además destruyen toda posibilidad de hacerlo? Porque si se fijan bien, son ustedes quienes gobiernan ahora y a los que hay que pedir cuentas. Pedírselas ahora es lo primordial.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Taller. Tema: "Pesadilla"


Bajé por la escalera que subía

Los hechos que importan solo revelan su significado mediante la repetición. Lo demás son anécdotas que únicamente por el recuerdo y un análisis posterior, encadenando lo sucedido (al fin y al cabo, una repetición mental), podrían llegar a tener significado. Pero con esta reflexión me aparto de la historia que quiero contarte; y no me queda mucho tiempo.
Hace unos 20 años, tuve varias veces el mismo sueño sin darle más importancia que la que merecía la curiosidad de que se repitiera. Era algo tan banal. Carecía de la emoción que rodea cualquier sueño, convirtiéndolo en decisivo hasta que despiertas. Los que recordamos suelen ir acompañados de emociones fuertes como el miedo, el placer, el aturdimiento que produce algo extraordinario; como por ejemplo cuando sentimos que estamos sobrevolando la ciudad. Precisamente porque la carga de la emoción nos despierta en mitad del sueño, es más fácil recordarlos. Me vuelvo a apartar del tema, pero me resulta difícil contar lo sucedido en estos años sin acompañarlo de los pensamientos que me fue provocando el desarrollo de la historia.
El sueño era como un documental de lo que iba a hacer el día siguiente. Todo previsible, lo que hacía a diario, pero como si una cámara me estuviera grabando en un plano medio o lejano. Ni siquiera había tomas de una cámara subjetiva rodando desde mis ojos, como suele suceder a veces cuando soñamos. Me parecía ser el personaje de una extraña serie dedicada a rodar la vida de un hombre normal. Una grabación de vídeo tan habitual que hasta reproducía secuencias, en lugar de una narración continua: me veía a mí mismo vestido, cerrando la puerta de casa y bajando las escaleras, pero nada más empezar a bajarlas pasaba directamente a la secuencia siguiente, en la que estaba ya en la calle. Como si un editor eligiera las partes necesarias para contar la historia. En la siguiente escena, me acercaba a la boca del metro, la de todos los días.
El sueño fue ampliándose. Repetía las escenas anteriores, pero añadiendo parte de la continuación lógica: aparecía ya bajando por las escaleras mecánicas; días después, en el sueño llegaba al andén de siempre; semanas más tarde, entraba en el vagón del metro; al cabo de unos meses, salía de la estación de destino y me veía caminando hacia el edificio donde trabajaba. Una visión real en la que salían las calles y los edificios reales, los semáforos en los que me paraba o que encontraba abiertos. Desde ese momento, el sueño siguió repitiéndose, pero la historia quedó detenida; no avanzaba. Parecía condenado a ver una y otra vez el mismo documental. Por aburrimiento, dejé de prestarle atención.
Era algo tan vulgar que no le di importancia; aunque me cuidé mucho de comentarlo a nadie. Sin embargo, empecé a pensar en él con cierta aprensión por un elemento que me produjo desasosiego. Me di cuenta de un detalle al que no le había prestado atención: en el sueño aparecía exactamente con la misma ropa con la que al día siguiente realizaba las acciones habituales. Sopesé la circunstancia y decidí que era algo tan previsible como las acciones que veía en el sueño y que al siguiente día se producían en la realidad. Los pantalones y los zapatos, los tenía al lado de la cama; de los calzoncillos y la camiseta, elegía exactamente el que estaba arriba en el cajón y la que estaba encima en la pila de la balda del armario; el chaquetón, era el que estaba colgado en el perchero junto a la puerta. Desde el sueño, podía “adivinar” cómo iría vestido. Seguí pensando en la sucesión de sueños como algo trivial, desencadenado por una lógica que se me escapaba y que había dejado de buscar. También mantenía la decisión de no hablar de eso con nadie, pues si alguien me hubiera contado algo parecido, habría pensado que tenía un problema mental. De mí, sabía con certeza que no estaba loco; pero no deseaba exponerme a que otros pudieran pensarlo.
Cuando llevaba ya casi un año, con esos sueños que solo me dejaban una ligera sensación de desagrado, durante el sueño centré por primera vez la atención en uno de los personajes que compartía la escena, quizá porque se trataba de una chica extraordinariamente guapa, y contemplándola el sueño terminó. A la mañana siguiente, en el vagón del metro, exactamente en la posición y postura que en el sueño, con la misma ropa, estaba la joven. Me sentí tan mal que me bajé en la siguiente estación. Entré a tomar un café, fui al baño y vomité; después llamé al trabajo para decir que estaba enfermo y pasé el día dando tumbos por la ciudad, en estado mental de desconcierto. Me preocupé tanto que, por primera vez, la palabra que usé para esos sueños fue la de “pesadilla”.
Pasé unos meses muy malos, aceptando que realmente tenía problemas mentales. Busqué la ayuda de un psiquiatra, al que le conté todo menos lo de la joven “repetida” en la realidad, seguí un tratamiento y no volví a tener esas pesadillas durante casi un par de años. Después volvieron, con mayor intensidad y frecuencia, a lo que se añadió un elemento de desasosiego.

En la pesadilla, me apartaba de mi trayectoria previsible. No tomaba el metro, sino que caminaba o paraba un taxi. Por supuesto, las primeras veces no me aparté de mi rutina; pero en cuanto dejaba de cumplir la predicción comenzaba a sufrir una fuerte migraña que me incapacitaba para el resto del día. Decidí que en la siguiente ocasión seguiría las pautas de la “visión” nocturna (la palabra “pesadilla” me resultaba ya imprecisa para describir lo que me estaba sucediendo). Eran siempre pequeños cambios de guión que, una vez cumplidos, me permitían regresar a lo que de verdad tenía que hacer. Las consecuencias volvieron a ser inquietantes: en lugar de la migraña, el resultado de mi obediencia era una sensación de euforia, un bienestar físico y mental potente. Así pasé un año, con esos pequeños cambios que no me impedían seguir luego con mi rutina, aunque no me podía deshacer de la idea de que me estaban “domando” como a un perro o un caballo.
Era ya evidente que pensaba cumplir en la vida diurna la visión que se me había revelado. La de una noche rehizo totalmente la primera mitad de esa mañana, conduciéndome por un laberinto de transportes hasta una esquina de la periferia de la ciudad en la que compré un cupón a un ciego. Después volví al trabajo, poniendo una excusa por el retraso. Ya te puedes imaginar que ese cupón obtuvo el premio mayor. Los largos trayectos, que me obligaban a retrasar la llegada al trabajo, a veces incluso a no asistir, provocaron mi despido. No me importó, claro, porque no solo tenía dinero, sino una confianza ciega en que todo me iba a ir bien.

Querida, me es absolutamente necesario abreviar, porque llevo más de dos días sin dormir y no pienso hacerlo. Además, lo que te voy a contar ahora ya lo sabes, aunque desconocieras hasta el momento la causa de que me sucedieran esas cosas. Me fui convirtiendo poco a poco en el hombre seguro de sí mismo y tranquilo que tú conociste. El hombre hecho a sí mismo, lo bastante rico para llevar una vida cómoda sin llamar la atención, con relaciones en todos los grupos sociales.
Por supuesto que, como no soy creyente, intenté fabricar una explicación materialista: por alguna razón, se había activado una parte de ese cerebro del que dicen que solo usamos entre el 7 y el 10%: yo estaba usando un porcentaje superior. Era mi propio cerebro, con una gran capacidad de conocimiento que no usamos, el que había tomado las riendas de mi vida: mi yo era movido por mi yo. Nada que produjera espanto, sino más bien una sensación tranquilizadora. Pues bien, no me pude creer demasiado tiempo mi superchería. Evidentemente había “algo” y ese algo era exterior a mí. Eso se hizo patente cuando las visiones de la pesadilla empezaron a actuar no solo para mi beneficio personal, sino que me convirtieron en un mandado. Por ejemplo, siguiendo las pautas de la visión, llamaba a un conocido para quedar con él y presentarle a otro conocido. Cosas así. Ese “algo”, que no me hacía creer en un dios, pero sí en una fuerza externa, de naturaleza distinta a la mía, me había llevado hasta donde estaba para utilizarme para sus planes. Inquietante, ¿verdad? Lo suficiente al menos para perder el placer de vivir.
Ahora he de hacerte una confesión: fue entonces cuando, perdido el interés por la vida, una noche soñé el modo de conocerte. Tu presencia junto a mí me ha transformado, me olvidé de todas mis sensaciones negativas. Pero el hecho era ese: no fuiste fruto del azar. Fuiste “otro” regalo más, concedido por lo externo. Comprenderás que no podía hablarte de eso, así que no voy a excusarme.
Lo terrible es que con el tiempo he llegado a preguntarme si los nuestro no sería un doble juego, si tú viniste al lugar de encuentro porque lo habías soñado así. No me puedes decir nada, claro, pero la idea de que también se te puede definir como una mujer hecha a sí misma me ha instilado la sospecha y me ha creado un desconsuelo que tu presencia no puede deshacer. Si los dos somos el objetivo, y ahora estoy convencido de que es así, no somos dos personas libres y autónomas que se aman, porque ni tú ni yo tenemos indentidad. Con esta convicción, se ha destruido la última barrera defensiva de mi vida.
No me queda otra opción que la de desaparecer: quiero dejar de ser el recadero de ese “ello”. El abogado que compartimos tiene firmada ante notario la cesión que te hago de todos mis bienes, él te dará todas las explicaciones formales. Pero debo abandonarte y desaparecer. Te confieso, es mi última confesión, que tengo miedo de cuál será el significado real de esa desaparición. Desconozco lo que sucederá con mi conciencia, y no uso el término en un sentido moral, sino como el conjunto de mis conocimientos, sensaciones y recuerdos, ahora que sé que existe algo distinto y superior, con el que puedo tener unas obligaciones firmadas que no sabía que había rubricado. Desde el temor más profundo, que me convierte en inviable, recibe todo mi amor.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Quedan escasos días para que defiendas la constitucionalidad

El PP aleja la posibilidad de que nos defendamos legalmente. Si recibes una multa de tráfico de 100 euros, para recurrirla tendrás que aportar 200. Si quien te la puso, juez y parte, te lo rechaza, pagarás la multa de 100 más 200 de tasas. Quedamos indefensos. ¿Quién recurrirá un abuso de compañías eléctricas, viajes en avión, etc., si el recurso te cuesta más que lo que te estafan?

En este país están sucediendo cosas que destruyen la idea de la defensa democrática. Quedan horas o días para que interpongas tu queja. Lee y envía el testo siguiente, enviando a la dirección indicada el texto propuesto.:


Para: registro@defensordelpueblo.es
Asunto: inconstitucional proyecto de ley de tasa judiciales ya en el Congreso.
Importancia: Alta
Sra. DEFENSORA DEL PUEBLO


Buenos días. Soy ……… [datos de identificación completos, incluyendo dirección postal] y me dirijo a usted por un asunto urgente y grave en relación con el cual solicito su urgente intervención: la inconstitucional Ley de Tasas Judiciales que entra en vigor mañana, día 22 de noviembre de 2012.
El Tribunal Constitucional, siguiendo a los tribunales europeos, sólo admite las tasas cuando por su importe no impidan el acceso a la jurisdicción por motivos económicos y ése va a ser el efecto sin ninguna duda. En Civil cualquier pleito civil normal y corriente costará 2.000€ y bastante más solo la demanda (efecto de la tasa variable, conforme al sistema de 300€ de tasa fija más el 0,5% de la “cuantía procesal”, es decir, del interés económico del pleito, por demanda en “juicios ordinarios”), con análogas cantidades en contencioso-administrativo; y en la jurisdicción social el trabajador o el pensionista para recurrir una sentencia desfavorable pagará 500€. Se pretende que abonen esas tasas en todas las jurisdicciones excepto la penal todas las personas físicas sin derecho a justicia gratuita (el doble del IPREM por unidad familiar, poco más de 1.000€/mes) y jurídicas. Única excepción: el Estado en todas sus formas, y el Fiscal. Por materia ni siquiera excluido Derecho de Familia, salvo menores y alimentos. ¿Quién hay en España que pueda pagar 2.000 y 3.000 euros que resultan en cuanto hay un inmueble por medio o una reclamación de indemnización por muerte, o hasta los 400€ de mínimo de cualquier pleito sin cuantía, y ello contando solo primera instancia? No desde luego lasfamilias que malviven con 1.100€ al mes; pero tampoco la gran masa de clase media.
Es el fin de Derecho del Consumo (se ve frotarse las manos a las compañías telefónicas, aéreas y demás empresas que sistemáticamente abusan de los consumidores) y de la protección contra la arbitrariedad del Estado que confiere la jurisdicción contencioso-administrativa (¿quién recurrirá una expropiación injusta o reclamará por error médico en la Sanidad Pública, teniendo que poner de su bolsillo esas cuantías elevadísimas, o quién recurrirá una multa de tráfico arbitraria de 200€ cuando tiene que pagar de tasas el doble?); y en Derecho Civil, la ley del más fuerte. Ante la impunidad para el Estado y para el más poderoso, decir que volvemos a situación preconstitucional es decir muy poco. Ya es sangrante que el Estado no pague tasas y que a las empresas les resulta irrelevante tanto la tasa como cualquier otro gasto procesal (se deducen tanto las tasas como el IVA de sus abogados y procuradores al 21% y las minutas completas de estos), mientras los particulares asumen tasas, IVA, gastos y minutas.
Abogados de todos los sectores e ideologías de toda España se están movilizando individual, colectiva e institucionalmente para conseguir la máxima difusión de lo que constituye un gravísimo atropello contra el Estado de Derecho, como repiten con rechazo categórico el Consejo General de la Abogacía Española y los Colegios de Abogados, para intentar evitar que salga adelante el proyecto al que se oponen todos los Grupos parlamentarios en la oposición y numerosos operadores jurídicos incluyendo fiscales y jueces, catedráticos de universidad, procuradores, juristas de todo tipo, las asociaciones de consumidores, sindicatos y numerosas entidades.
Me dirijo a usted en la certeza de que tiene que compartir nuestra preocupación y no quedará impasible ante tal ataque contra la esencia misma del Estado de Derecho, porque bajo ningún pretexto puede pretenderse descongestionar los juzgados a costa de la indefensión masiva e irreversible de los ciudadanosQue la Defensora del Pueblo alce su voz AHORA que todavía es posible evitar la aprobación del proyecto y exprese el tajante rechazo que sin duda le tiene que merecer el proyecto tiene mucho peso para evitar que haya que llegar a un recurso de inconstitucionalidad, porque en el largo camino hasta conseguir una sentencia del Tribunal Constitucional quedarían irremisiblemente perdidos los derechos de muchos ciudadanos. Está en juego el mismo Estado de Derecho. Gracias por su atención y un saludo.
Fdo. …..