“Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”. Proverbio chino.

NO PODEMOS RESOLVER PROBLEMAS PENSANDO COMO CUANDO LOS CREAMOS. Albert Einstein

“Si a alguien le indigna más ver un contenedor ardiendo que una persona comiendo de él, tiene que revisar sus valores”

Sobre los poderes de siempre y los emergentes: "“No nos parece mal que nos muerda un lobo, pero a todo el mundo le saca de quicio que le muerda una oveja". Ulises de Joyce, Cap. 16




miércoles, 11 de septiembre de 2013

La novela de Lara Moreno





Conocí a Lara hace muchos años. Vivía con otra joven escritora en una casa mágica en la que, al otro lado del jardín, empezaba la sierra de Madrid. Algún sábado subía en el coche a su novio Miguel, colega mío del trabajo, y los dos emperezábamos la mañana tumbados descalzos en la hierba, oyéndolas teclear y detenerse, volver a teclear.

Se habían ido allí, las dos, a escribir una novela. Hará 8 años o más. Entretanto, ha editado libros de relatos, poemarios. Pero seguía con la novela, a la que llamaba ya “La cosa pantanosa”. Con todo lo que sabe esa chica, que ahora es mi Maestra (me ha enseñado lo más importante, a leer), ¿cómo ha podido tardar más de 8 años? Antes del verano, leí un ejemplar de la edición para libreros que había hecho Lumen y lo entendí: la perfección en la intensidad lleva lo suyo.


En una faja verde con impresiones de los libreros, Cristina Durán Lázaro, de la librería FNAC, viene a decir lo mismo: “Me impresiona, me desconcierta, me angustia... Cada página me produce sensaciones diferentes”.

lunes, 2 de septiembre de 2013

He hecho el agosto en lecturas (sin conexión a Internet)





La foto es del último día. El primero, esos libros estaban en el lado del fondo de la mesa.

El plantador de tabaco, de John Barth, ed. Sexto Piso, 1.173 páginas. OBRA MAESTRA.
Tan absorbente, que en contra de mi costumbre me dediqué a leerlo en exclusiva. Con una técnica de trama medio sacada de Las mil y una noches, abundan los homenajes, como el Quijote, Tristram Shandy, Rabelais. Una visión satírica y sardónica del mundo. Absolutamente lúbrica. Cada personaje va contando una historia que se va entrelazando con otras hasta que al final todas encajan a la perfección. La risa y la podredumbre humana se combinan a la perfección. Por ejemplo, un apéndice hace cuentas de los pequeños personajes que no han podido encajar su historia en la trama principal. Esta es una muestra de estilo y risa:

«Dick Merriweather, luego de haberle hecho la corte a la muerte en un centenar de odas y sonetos jamás publicados, logró seducir a la dama de la muerte con tanto éxito que, por fin, un día que su caballo se encabritó y lo arrojó al adoquinado, su enamorada transformó en abrazo eterno lo que él había concebido como una mera galantería.»

El mago. Trece cuentos japoneses, de Ryunosuke Akutagawa, ed. Candaya, 188 páginas.
Uno de mis favoritos en cuentos japoneses, del primer cuarto del siglo XX.

Gudari Gálvez, de Jorge M. Reverte, ed. Espasa, 235 páginas.
La serie de periodista Gálvez siempre proporciona un alegre descanso, con cierta dosis de análisis profundos, tras un libro como el de Akutagawa.

Zurita, de Raúl Zurita, ed. Delirio. 741 páginas. OBRA MAESTRA
Sin duda el mejor libro de poesía en lengua castellana editado en 2012. De la tarde y la noche del 11 de septiembre, y el día de pinochetazo, en realidad se extiende también a todas las barbaridades de asesinatos masivos de la Historia. Solo apto para muy amantes de la poesía.

Mientras agonizo, de William Faulkner, ed. Cátedra, 230 páginas. OBRA MAESTRA
Aunque es una novela pequeña, es la más intensa de todas las que he leído de W.F., me ha dejado con la boca abierta, aunque tuve que pagar el precio de leer acumulando información, peri enterarme de nada, hasta aproximadamente la mitad. Muy aconsejable. No creo que hoy en día se pueda escribir decentemente sin haberla leído en profundidad.

Elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki, ed. Siruela, 93 páginas
Ya la había leído, sin profundidad, hace años. Pero me la regaló en el pueblo una joven japonesa y esta vez, leyéndola dos veces seguidas, me ha llenado de placer (y de ideas sobre la vida y el arte).

Mecanismos internos. Ensayos 2000-2005, de J. M. Coetzee, ed. Debolsillo, 306 páginas.
Deliciosos artículos sobre escritores, en los que el sabio Coetzee informa y te hace pensar.

El papel de mi familia en la revolución mundial, de Bora Cosic, ed. Minúscula, 150 páginas
Narrada por un niño loco que vive con una familia de locos cuya casa se va llenando de camaradas comunistas, te partes de risa con esa revolución hechas por quienes no entendían nada de lo que estaban haciendo con ese cambio del mundo.


Es como el sorbete necesario tras una comilona brutal.

jueves, 11 de julio de 2013

Escalón 22 de Verónica y Nano




Ha pasado un año desde que dimos a conocer el escalón veintiuno de esta obra larga en el tiempo llamada Los 100 escalones. Quizá necesitábamos ese distanciamiento para volver con más ganas.

Pero después de tanto tiempo, algunos habréis olvidado cómo aparecen en este blog mío: doy prioridad absoluta a la belleza del trabajo de Verónica Leonetti, lo que significa que el trabajo completo (texto e imagen) solo se puede ver en su blog. Es fácil: solo tenéis que clicar en este enlace:


Además, los comentarios solo se pueden hacer en su blog.

Ojalá lo disfrutéis tanto como yo.

domingo, 7 de julio de 2013

microrrelato: último ejercicio del taller de L.M-


Las penas con lujo son menos

—Tenía sus defectos, pero siempre fue muy bueno —dijo la viuda mientras regresaban despacio y cogidas del brazo, en la agradable quietud del cementerio, hacia el coche con chófer al que ordenaron que las esperara fuera del recinto. Con la brisa fresca de finales de mayo, preferían pasear solas, charlar tranquilamente y no tener testigos de su dolor.
—Y generoso, nos ha dejado a las dos con un buen pasar.
—Quizá le hicimos trabajar demasiado y por eso se nos ha ido tan pronto. Además de atendernos en la cama, que siendo como somos debió de representar un gran esfuerzo. Era tan cumplidor
—No seas blanda, mujer. Los hombres han de trabajar mucho. Siempre te dije que, al mantener lo nuestro en secreto, le causamos un complejo de culpa, una ansiedad de que no se descubriera su lío conmigo y eso te hiciera daño. Era cuestión de tiempo que esa culpa acabara con él.
—Cierto. Era tan delicado en estas cuestiones.
—En fin, hecho está. Ahora, nuestro viajecito de tres meses. El estrés de la muerte repentina y el mes de papeleo legal y financiero nos han dejado exhaustas. Nos merecemos una buena recompensa. Pero el dinero no es eterno. Creo que al regresar debemos repetir la operación.
—Lo mismo he pensado yo. Seguimos siendo muy atractivas para un madurito, pero que esté ya forrado. Eso sí, esta vez te toca casarte a ti y, en cuanto pasen unos meses y empiece a perder la potencia del deseo, aparezco yo y lo seduzco.
—Es lo que te dije cuando te casaste con Paco: ningún hombre puede resistir la seducción de la amiga íntima de su mujer.

martes, 25 de junio de 2013

Cuando estoy en la montaña y el tiempo es bueno





Cuando estoy en la montaña y el tiempo es bueno, después de la pequeña siesta leo en la mesa auxiliar de la cocina, con las ventanas abiertas de par en par. En esos momentos, en la mesa hay un libro, un bloc pequeño y uno grande, un lápiz para subrayar y al menos dos pilots de colores diferentes. Casi siempre una taza de café o de té. En el alféizar, que tapa la mesa, un cenicero, porque con todo abierto el olor a tabaco se va por la ventana.

Procuro leer libros fáciles, para mirar cada rato los cerezos, el enorme a la izquierda y a la derecha uno de ocho metros, que nació solo a partir de una raíz del grande. Este no solo es alto, sino que se abre como un enorme paraguas protector para gigantes. Hay una lucha, porque todos quieren podarlo para que dé más cerezas (y más fáciles de recolectar), pero yo no quiero cerezas; solo quiero que exista como es. Sé que un día perderé la batalla.

También elijo libros muy difíciles, para quedarme en una frase y repetírmela viendo los árboles o la montaña, hasta que le encuentro sentido o renuncio a conseguirlo.

Cuando el sol se pone, bajo a la huerta, donde está Ardilla leyendo y nos ponemos cara al sol, que se va colando por entre los huecos del cerezo pequeño. Hablamos. A veces nos decimos que somos felices allí, los dos solos. Otras, uno acusa al otro de haber trabajado demasiado y estar de mal humor, que es una de las grandes tonterías que se puede hacer en un sitio así. Al que estaba de mal humor, se le pasa.

Cuando el sol se oculta tras la casa vecina, cerramos la puerta de la huerta y nos vamos de bares.


miércoles, 19 de junio de 2013

El flujo de conciencia en el Taller de Lara Moreno

[Ya conté en el preámbulo de long distance call 1 que tenía que escribir un ejercicio de diálogo, pero que paseando por esas calles se me ocurrieron tres partes. La segunda era un flujo de conciencia y cuando Lara dijo que el tema siguiente era ese grité eureka y me dije que ya le podía dar a la segunda parte. Quien no haya leído la primera, le aconsejo que empiece por ahí. La tercera tardaré, porque aunque sé todo lo que pasa, elegí el modo y estilo que me son más imposibles, así que todavía no sé si sabré hacerlo]



long distance call

Parte 2


animal vegetal geología es lo que hay a joderse buchito de vino de vino de la botella ay cuando era alcohol más fuerte que me calentaba desde el centro y era combustible de avión para el cerebro y caminar y otro vaso y caminar y pensar y otro que llegaba a casa como con una enciclopedia en la cabeza un animal salvaje pero ahora me duermo cuando tomo unos vasos de eso de animal a vegetal instantáneo aunque no plantado todavía en una maceta ¿podré librarme de eso, de la maceta y del dolor? es lo que veo en los ojos de los de mi edad ese miedo la geología no asusta es como mucho un cambio de conciencia que a lo mejor recuerda al animal mientras queden algunos que la alimenten con sus recuerdos de ti debería estar prohibido recordar a los muertos no vaya a ser que   considerarse un acto de impiedad otro trago de vino venga que calienta de a pocos y activa la mente para recordar la animalidad la única vida que ha merecido la pena si no fuera porque quiero leer un libro más de los mil que deseo leer y releer tres más de los tres mil que deseo releer no habría causa suficiente para el combate o por el cariño que siento por algunos si no fuera porque Clara me llamará cuando se haya acostado y la mentiré diciendo que yo también estoy en la cama pero ahora no duermo cuando ella no está me adormezco a ratos si no toco esa piel que me convenció que era mejor no amar a los hombres aunque solo sea poner la yema de un dedo en su espalda pero ahora no está porque a veces queremos estar solos venga  el último trago y abrir otra botella para inventarme la historia de este día y pero dónde habré dejado el sacacorchos

martes, 4 de junio de 2013

El diálogo en el Taller de Lara Moreno

[De las formas posibles de diálogo, elegí como práctica uno que solo tuviera diálogo, sin la menor narración y ninguna acotación. Es un ejercicio, pero en realidad, aunque no me ha dado tiempo a completarlo, paseando he escrito en mi cabeza dos partes más, una no dialogada y una tercera de diálogo absoluto. Quizá las escriba en unos meses o años, pero como es más fácil que no, pongo el ejercicio, que para mí fue un desafío].


Long distance call

— [...]
— ¡Abuelo!
— ¿Cómo estás, pequeña albóndiga?
— Ya no soy una albóndiga, he crecido.
— Tendré que verlo antes de cambiarte el nombre. Este verano eras una albóndiga que empezaba a estirarse como un espagueti. Pero solo empezabas
— ¿Por qué no llamas por el ordenador y nos vemos mientras hablamos?
— No tengo ordenador.
— ¿Nooo? ¿Eres pobre?
— Uff, siempre me haces preguntas difíciles. ¿La abuela es pobre?
— ¡Noooo! Me lleva al cine y al salir me invita a chocolate con pasteles, ¡todos los que quiera comer! Tiene mucho dinero.
— Entonces yo tampoco lo soy, porque la Abuela y yo lo compartimos todo, como tu mamá y papá.
— ¡Pues cómprate un ordenador y así nos vemos!
— Ya tengo uno en la casa de la ciudad, que conoces.
— Pero si no pasa nada por tener dos. Mamá los tiene.
— ¿Y para qué quiero un ordenador en la casa que alquilé en un pequeño pueblo, para pasar los meses en los que Abu ha ido a cuidarte?
— Podías haber venido con ella, en la cama cabéis los dos.
— Ya te dije la otra vez que hablamos que eso no es una buena idea. Así Abu se dedica a cuidarte solo a ti... y yo aquí tengo silencio y puedo escribir.
— ¡Pero si no tienes ordenador!
— Tengo decenas de cuadernos, muchos lápices y bolígrafos.
— ¿Y tienes televisión?
— No, señorito.
— Te tienes que aburrir mucho.
— ¡Qué va! Hay paseos muy bonitos por la montaña, y vacas, ovejas, perros sueltos, cerdos, gallinas. ¿A que en la ciudad no tenéis eso?
— Perros sueltos, no.
— Y de vacas y lo demás, ni sueltos ni atados. En el bar donde como y ceno, me he hecho amigo de José. A veces lo acompaño por la mañana a subir las vacas a un valle alto, para que coman, con unos perros grandes que las vigilan. Como me he hecho amigo de los perros y las vacas me conocen, si José tiene mucho trabajo por la tarde, le digo que no se preocupe y subo yo solo, con un palo muy largo. Los perros vienen a saludarme, porque hago una trampilla y les doy galletas. Las vacas, que me conocen y se fían de mí, me obedecen y me siguen hasta el corral del pueblo. ¿A que te gustaría bajar la montaña con las vacas y los perros?
— ¡Síii! Llévame.
— Cuando cumplas dos años más, dejamos solos a papá, mamá, el hermanito que viene y a Abu, y en verano te traigo aquí a que me ayudes a hacer de pastor de vacas.
— No creo que me dejen.
— ¡¿Cómo no te van a dejar, si te cuido yo?!
— Vale. ¿Quieres que se pongan mamá y papá?
— Noooo, que son muy aburridos, siempre hablando de ciencia.
— Eso lo hacen contigo, porque eres viejo. Conmigo juegan y hablan de otras cosas.
— Qué suerte tienes. Les has de enseñar a que también a mí me hablen de otras cosas. ¿Vale?
— Vale. ¿Te paso a Abu?
— No, Martinete. Con ella hablo todas las noches, cuando ya estamos en la cama.
— Pues colgamos, ¿eh?, que me va a llevar al parque.
—  Besos, que lo paséis bien.
— Lo de las vacas, es una promesa, ¿eh?
— Dentro de dos años. Prometido.
— Adiós, Abuelo.